Los desahucios han estado ligados durante mucho tiempo al silencio.
Al silencio de la vergüenza al “qué dirán”.
Al silencio de la tristeza por el sentimiento de fracaso de las familias desahuciadas.
Al silencio del miedo a la incertidumbre del futuro.
Pero ese silencio se ha roto con miles de voces. Las de todas las personas que entendieron que su historia era también la de otros y que sus voces se escuchaban más si sonaban unidas. Que frente a la vergüenza estaba la osadía, que frente a la tristeza estaba la camaradería, y que frente al miedo estaba la valentía. Voces que gritaron juntas “Sí se puede”.
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca ha conseguido acabar con el silencio. Y hoy, frente a los cientos de desahucios que se siguen produciendo en nuestro país cada día, ya no hay silencio. Hay voces. Voces que suenan altas y claras exigiendo justicia y reclamando Derechos.



